El instinto de compartirlo
Mucho antes de las certificaciones, José era la persona a la que todos seguían en las montañas. Primos, amigos, cualquiera que estuviera cerca, de alguna manera siempre terminaban atados a él, más arriba de lo previsto, y luego se reían de la experiencia. En aquel entonces nadie lo llamaba guía. Simplemente era así: la persona que veía una cuerda y enseguida quería compartirla.
Vert surgió cuando ese instinto encontró su momento. Las ideas para el viaje se habían ido acumulando durante años —rutas, campamentos, temporadas enteras planificadas durante cenas— hasta que un día quedó claro que esto era más que un simple pasatiempo. Así que le pusimos un nombre, lo profesionalizamos y conservamos lo esencial: grupos reducidos, guías certificados y la sensación de descubrir algo hermoso de la mano de alguien que realmente está deseando compartirlo contigo.

